martes, 20 de abril de 2010

No tanto, pero sí mejor.

Vivimos en la sociedad de la abundancia. De manera inconsciente siempre pensamos que cuanto más, mejor.

Cada vez son más los restaurantes que te ofrecen la posibilidad de hacer tu plato más grande pagando "tan sólo" unos euros más. También los hay de buffet libre: pague 10 euros y coma tanto como pueda. Así es, llénese de mierda por solo diez euros. Sales del buffet con la sensación de no haber comido nada, o directamente sin haber comido nada. ¿Qué pasa con esos pequeños restaurantes de menú en los que sólo comes primero, segundo y postre, pero comes?

En el mundo del cortometraje pasa lo mismo. Es muy triste que el espectador mire el reloj mientras ve un corto, ya que si esto ocurre es porque lo que se ha contado en veinte minutos se podría haber contado en diez o incluso menos. Esa es una lección que tarde o temprano aprendemos todos los cortometrajistas: el saber renunciar y quedarnos sólo con lo imprescindible, eso sin lo cual la historia no funcionaría. Pero qué difícil es saber distinguir entre lo que sirve y lo que no, lo bueno y lo malo, el sí y el no. Es por eso que a veces guiones que parecían fantásticos no funcionan una vez rodados, y viceversa, guiones que parecían lentos y aburridos cuentan historias muy bellas.

En los cursos de cine para niños que he dado hasta el momento, a veces me encuentro con alumnos reacios a los cortometrajes. ¿Sólo vamos a rodar un corto? Jo, yo quería hacer una peli.; de manera automática asocian el largometraje con algo mejor qué el cortometraje. No cabe duda de que en noventa minutos se puede contar mucho más que en diez o veinte, pero muchas veces nos encontramos con cortos que en pocos minutos cuentan mucho, y con largos que en hora y media no cuentan nada.

Recuerdo cuando en segundo de bachillerato suspendía los exámenes de latín, y tras yo alegar que había estudiado muchísimo, mi maravillosa profesora Ángeles de la Concha me decía: no se trata de estudiar tanto, sino de estudiar mejor. Lo mismo se aplica en las relaciones humanas. Hay gente con muchos amigos, pero ninguno de verdad. También la hay que sale todas las noches, pero no se divierte. Y cuando se tiene pareja, nos hartamos a decir te quiero, te amo y te adoro. Después, cuándo un día se acaba todo, ya no queda nada de lo que se dijo. Esto pasa porque no se trata de amar tanto, sino de amar mejor.